Durante muchos años hemos escuchado frases como:
“Solo tienes que comer menos.”
“Si realmente quisieras bajar de peso, podrías hacerlo.”
“Todo es cuestión de fuerza de voluntad.”
Pero la realidad es mucho más compleja...
La obesidad es una enfermedad
La obesidad no puede explicarse simplemente como una decisión individual de comer demasiado.
Es una enfermedad multifactorial en la que participan mecanismos biológicos, metabólicos, genéticos, ambientales, conductuales y sociales.
Esto ayuda a entender por qué algunas personas pueden perder peso con relativa facilidad mientras otras tienen una lucha constante contra el hambre, la saciedad y la recuperación del peso.
¿Por qué es tan difícil mantener el peso perdido?
Cuando una persona pierde peso, el organismo puede activar mecanismos que favorecen recuperar parte del peso perdido.
Pueden cambiar señales relacionadas con el hambre y la saciedad y también modificarse el gasto energético y otros mecanismos metabólicos.
Por eso, mantener una pérdida de peso importante puede ser mucho más difícil que conseguirla inicialmente.
Esto no significa que una persona sea débil o que no tenga disciplina.
Significa que existe una respuesta biológica.
La voluntad sí importa, pero no lo explica todo
Por supuesto que las decisiones personales tienen un papel.
La alimentación, el movimiento, el sueño y otros hábitos son importantes.
Pero sería injusto y médicamente incorrecto reducir una enfermedad compleja exclusivamente a la fuerza de voluntad.
Nadie cuestionaría que una persona con hipertensión necesita tratamiento además de modificar ciertos hábitos; tampoco pensaríamos que una persona con diabetes simplemente necesita “echarle ganas”, o que una persona fumadora diagnosticada con cáncer pulmonar podría curarse solo con dejar de fumar.
La obesidad, es una enfermedad y merece el mismo enfoque médico y tratamiento que cualquier otra patología que conozcamos.
¿Por qué necesitamos tratarla?
Porque la obesidad puede aumentar el riesgo de desarrollar múltiples enfermedades y afectar diferentes órganos y sistemas.
Entre ellas se encuentran:
· Diabetes tipo 2.
· Hipertensión arterial.
· Enfermedad cardiovascular.
· Apnea obstructiva del sueño.
· Enfermedad hepática asociada a la disfunción metabólica.
· Problemas osteoarticulares.
· Alteraciones reproductivas.
· Algunos tipos de cáncer.
· Deterioro de la calidad de vida.
Por eso, el objetivo del tratamiento no debería ser únicamente “bajar de peso”.
El objetivo es mejorar la salud.
¿Todas las personas con obesidad necesitan cirugía?
No.
La cirugía bariátrica es una de las herramientas disponibles para tratar la obesidad, pero no es la única.
Dependiendo de cada paciente pueden utilizarse:
· Cambios nutricionales.
· Actividad física.
· Intervenciones conductuales.
· Tratamiento psicológico.
· Medicamentos para el tratamiento de la obesidad.
· Procedimientos endoscópicos.
· Cirugía metabólica y bariátrica.
La elección depende de la historia clínica, el grado de obesidad, las enfermedades asociadas, los tratamientos previos y las características individuales.
Cambiar la conversación
Quizá una de las cosas más importantes que podemos hacer es cambiar la pregunta.
En lugar de decir:
“¿Por qué no tienes suficiente fuerza de voluntad?”
deberíamos preguntar:
“¿Qué está causando y manteniendo esta enfermedad y cuál es el tratamiento adecuado?”
Ese cambio puede parecer pequeño, pero transforma completamente la manera de abordar la obesidad.
Conclusión
La obesidad no es un fracaso personal.
Es una enfermedad que merece diagnóstico, tratamiento, seguimiento y acompañamiento profesional.
Y pedir ayuda no significa que hayas perdido la batalla.
Significa que estás tomando una decisión por tu salud.